Migrantes LGTBQ huyen de violencia en Honduras y se refugian en EE.UU.

WASHINGTON D.C. — La última vez que Kate Castillo se maquilló fue hace dos años. El 14 de febrero, a casi 3000 kilómetros de su hogar, la joven hondureña recordó entre música, peinados y labial, lo que se sentía ser mujer.

Kate dejó de vestirse como mujer a los 17 años, después de que agentes de la policía de su ciudad, San Pedro Sula, le dieran una golpiza y le quitaran la ropa, dejándola en ropa interior en mitad de la calle.

“Cuando salíamos [a la calle] nos miraban como bichos raros”, dijo la joven hondureña a la Voz de América. Ella es parte de un grupo de 13 migrantes LGBTQ que fueron acogidos en Washington D.C. por la ONG Casa Ruby, después de haber cruzado la frontera con México en Matamoros, al sureste del país.

Los migrantes viajaron en una de las caravanas que salió de Honduras el 14 y 15 de enero, atravesando Guatemala y México hasta llegar a la frontera con Estados Unidos.

“Caminábamos o dependíamos de la buena voluntad de las personas” que nos dejaban montar en su coche, contó Kate. Ella y las otras 12 personas que llegaron el lunes en la madrugada a la capital, se entregaron a agentes de la patrulla fronteriza después de atravesar nadando el Río Grande.

De ahí, fueron llevadas a un centro de detención para migrantes en Texas, donde pasaron ocho días. ICE, el servicio de Inmigración y Control de Aduana de Estados Unidos, se puso en contacto con Ruby Colorado, la fundadora de la ONG.

“ICE llama a Ruby para decirle que hay un grupo específico que ya está en EE.UU., pero que están buscando un auspiciador de ellos y ellas”, dijo a la Voz de América Larry Villegas Pérez, director ejecutivo adjunto de Casa Ruby.

Ruby, una activista salvadoreña, fue hacia Texas, alquiló una van y condujo con los jóvenes a D.C, donde tienen albergues para acoger a personas de la comunidad LGTBQ y prestan asesoramiento en temas de migración.

“Les ofrecemos techo, desayuno, comida, salud mental, tratamientos para personas con VIH y acceso a servicios de salud”, explicó Villegas.

Una de las pocas pertenencias que una de las migrantes transgénero pudo traer consigo a Washington D.C. [Foto: Alejandra Arredondo]
Una de las pocas pertenencias que una de las migrantes transgénero pudo traer consigo a Washington D.C. [Foto: Alejandra Arredondo]

​Cargados con tacones, vestidos, maquillaje y sueños, los migrantes comenzarán su proceso de solicitud de asilo en el país.

Bajo la ley estadounidense, las personas gays, lesbianas y transexuales pueden pedir refugio si prueban que en su país fueron perseguidas por serlo y que el estado no fue capaz de ayudarlas, según explicó a la Voz de América el abogado Diego Ferreyra.

Las personas LGTB en los países del Triángulo Norte (El Salvador, Guatemala y Honduras) son “discriminadas ferozmente” debido a su identidad sexual y de género según denuncia Amnistía Internacional.

264 miembros de la comunidad LGTB fueron asesinados en Honduras entre 2009 y julio de 2017, de acuerdo con Amnistía Internacional. Los hombres gay y transgénero son quienes están más en riesgo.

“Yo me fui de mi aldea porque mataron a uno de mis compañeros en la escuela [donde trabajaba]”, dijo Josselyn Urbina, una de las migrantes hondureñas., “tuve que irme por miedo a continuar [trabajando]”.

Josselyn Urbina, de 42 años, salió en caravana de San Pedro Sula el 15 de enero. [Foto: Alejandra Arredondo
Josselyn Urbina, de 42 años, salió en caravana de San Pedro Sula el 15 de enero. [Foto: Alejandra Arredondo

A pesar de ello, Josselyn dijo que jamás tuvo miedo a ser quien es. “Nunca salí del closet, yo nací así, con la estrella en la frente”, dijo entre risas tímidas. Josselyn quiere aprender inglés para poder trabajar como profesora y dice que su familia la apoyó en su decisión de venir a EE.UU.

El camino hacia EE.UU. la puso a prueba. La hondureña recuerda, con lágrimas en los ojos, que mientras cruzaban el río a nado, varios de sus compañeros se estaban ahogando.

“Yo tampoco sé nadar”, dijo e hizo una pausa en su relato.

Para Kate, lo peor de la travesía fue quedarse sola. Su papá, quien la apoyó en la decisión de emigrar, le había advertido que México era un país peligroso. Uno de los más de 30 días de viaje, cerca a Ciudad de México, perdió al grupo con el que iba.

“Nunca voy a olvidar de dónde vengo, sé lo que se sufre, sé lo que se siente”, dijo la hondureña de 19 años, quien quiere llegar a ser abogada de los derechos de los migrantes.

“Como me brindaron el apoyo a mí, tengo que hacer lo mismo con las otras personas”, contó Kate, mientras sus compañeras y compañeros de viaje salían de ducharse después de 27 horas de viaje en carro desde Texas.

Aprovechando un espejo grande que había en la sala del sitio que ahora, al menos por un tiempo, es su hogar, se maquillaron. “Mirá cómo quedé de linda”, dijo una en voz alta.

Todos tienen ya cita con una corte de Inmigración de Virginia el 26 de marzo, donde argumentarán, con ayuda de abogados trabajando por bono para Ruby, su caso de asilo.

Fuente: La voz de América


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