¡Yo Celebro el Mes de la Herencia Hispana!

Por Yamila Pino

El mismo día que el boxeador mexicano Saúl “Canelo” Álvarez derrotó por decisión mayoritaria al invicto Gennady Golovkin en la pelea más esperada del sábado, 15 de septiembre en Las Vegas, Nevada, comenzó el Mes de la Herencia Hispana, una celebración que se extenderá hasta el 15 de octubre y que busca rendir tributo al legado y las contribuciones de los inmigrantes hispanos en los Estados Unidos.

Y así como Canelo dejó todo en el ring, peleando los 12 rounds para llenar de orgullo a sus fieles seguidores y proclamar el grito de victoria, los 55 millones de hispanos en los Estados Unidos continúan luchando y dándolo todo para aportar a un país donde si bien fluye leche y miel y se saborean oportunidades y éxitos, también existen gigantes que superan las 160 libras.

Pero, ¿cómo comenzó el mes de la hispanidad?, ¿qué contribuciones han hecho nuestros pueblos?, y  ¿qué se siente ser latino en los Estados Unidos en momentos cuando miles de niños son separados de sus padres en la frontera; miles de indocumentados son deportados a zonas de conflicto, pobreza y violencia; y ciudadanos estadounidenses en Puerto Rico reciben trato de segunda categoría junto a rollos de papel en vez de ayudas para reconstruir la isla del desastre que dejó el huracán María?

El Mes de la Herencia Hispana comenzó como la Semana Nacional de la Herencia Hispana, una conmemoración que promulgó el presidente Lyndon Johnson en 1968 y que 20 años después, en 1987, fue extendida a 30 días de duración gracias a esfuerzos del representante demócrata de California para ese entonces, Esteban Torres, quien presionó y luchó hasta que el presidente Ronald Reagan firmó la ley. Según la historia, se escogió el 15 de septiembre como el inicio de la celebración por el aniversario de la independencia de El Salvador, Guatemala, Honduras, Nicaragua, y la cercanía de la emancipación española de México (16 de septiembre) y Chile (18 de septiembre). El fin era conmemorar la larga e importante presencia de nuestros pueblos en esta nación, que se remonta al primer asentamiento colonial español en la fortaleza de San Agustín, fundado en 1513, noventa y cuatro años antes de que los ingleses llegaran en Jamestown, Virginia. Entonces, la demagogia actual que nos tilda de usurpadores, extranjeros, patanes e invasores carece de validez argumentativa y veracidad histórica porque antes de los ingleses, nuestros antepasados españoles ya estaban aquí y hasta habían desarrollado tecnología en materia de infraestructura y defensa.

Aunque actualmente para muchos latinos el mes de la hispanidad no representa ni festividad ni celebración por el clima político y social, los constantes ataques, manifestaciones de racismo y opresión, algunos consideran que sí es un buen momento para reivindicar nuestras culturas, pluralidad lingüística, diversidad étnica, rol y humanidad. Y eso es lo que se nos ha quitado, nuestra humanidad. Lo que somos trasciende las pandillas, las armas, la violencia, incluso el 5 de mayo, las piñatas, las telenovelas, las fiestas, la mujeres bellas o los “Latin lovers”. Nuestro valor no solo radica en las cifras que nos posicionan como la fuerza adquisitiva más creciente o como el ingenuo electorado al que hay que seducir y atrapar cada cuatro años para que vaya a las urnas. Es nuestro deber aprender que a pesar de ICE, los sueldos de hambre, la violencia intrafamiliar, la pesada jornada laboral y los azotes de una naturaleza que trata de combatir el cambio climático, nuestras comunidades todavía tienen poder. Poder en la urnas, en crear cambios, en la educación y en el alcanzar sueños y metas.

Ejemplos tenemos muy de cerca. Como los jóvenes soñadores que a pesar de que les quitaron DACA siguen trabajando y estudiando y luchando por sus derechos; como los padres y madres indocumentados que en la frontera les arrebataron a sus hijos y no se dan por vencidos a una reunificación familiar; como la señora que limpia el edificio donde trabajo para poder enviar a sus hijos a la universidad; como los miles de puertorriqueños que levantan Puerto Rico sin contar con la ayuda que las agencias federales deberían brindar.

A nivel político, a pesar de que la corrupción y las promesas incumplidas acaban con la esperanza, la victoria de la puertorriqueña Alexandria Ocasio-Cortez de Nueva York, que en las primarias demócratas de su distrito desbancó a un oponente con trayectoria e influencia y la del afroamericano Andrew Gillum en la Florida, quien con el apoyo de los latinos y otras minorías venció a un aparato de candidatos con dinero, poder y trayectoria son ejemplos de que ser el 11% del electorado de este país sirve para algo y no para quedarnos como víctimas y de brazos cruzados, sino para hacerle frente a la vida y demostrar que aportamos y contribuimos diariamente al crecimiento de este país.

Por tal razón, celebro y conmemoro el Mes de la Herencia Hispana. Porque hace 50 años, mis abuelos Bernardo y Lola Pino, al igual que personajes como César Chávez y Dolores Huerta, derramaron gotas de sangre y sudor para garantizar un mejor futuro para esta generación y la mejor forma de rendirles tributo y recordar su sacrificio es no tirar la toalla antes del último round y continuar luchando por el bienestar de las próximas generaciones.

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