En un giro inesperado que ha sacudido las oficinas de Zúrich, el expresidente de la FIFA, Sepp Blatter, ha lanzado un llamado internacional para boicotear la Copa del Mundo 2026, que se llevará a cabo en Estados Unidos, México y Canadá.
Blatter, quien dirigió el organismo rector del fútbol mundial durante 17 años antes de su estrepitosa caída en 2015, asegura que el torneo actual representa “la destrucción del fútbol tal como lo conocemos”.
Las razones del “rebelde” de 89 años
El argumento central de Blatter no es solo político, sino estructural. El exmandatario apunta sus dardos contra su sucesor, Gianni Infantino, y los cambios drásticos implementados para esta edición:
- La expansión a 48 equipos: Blatter califica el nuevo formato como una “dilución de la calidad” que prioriza el dinero sobre el mérito deportivo.
- Logística “absurda”: Critica las distancias masivas entre las sedes de los tres países anfitriones, lo que, según él, arruina la experiencia para los aficionados y aumenta la huella de carbono de manera irresponsable.
- Falta de identidad: Asegura que el torneo ha perdido su “alma” al convertirse en un producto puramente comercial.
“No es una fiesta del fútbol, es una feria de marketing a gran escala. El mundo debe decir basta”, declaró Blatter en una entrevista que ha encendido las redes sociales.
Una ironía que no pasa desapercibida
Resulta difícil ignorar la ironía en las palabras de Blatter. Muchos analistas deportivos y aficionados han recordado rápidamente que fue bajo su mandato cuando se otorgaron las polémicas sedes de Rusia 2018 y Qatar 2022, procesos que terminaron en investigaciones federales y el mayor escándalo de corrupción en la historia del deporte.
Por su parte, la FIFA ha respondido con indiferencia. Fuentes cercanas a la organización indican que Infantino está centrado en las proyecciones de ingresos récord, que se esperan superen los 11 mil millones de dólares para el ciclo 2023-2026.
¿Tendrá eco el llamado?
A pesar del ruido mediático, es poco probable que las federaciones nacionales se sumen a un boicot liderado por una figura tan polarizante. Con los estadios de Norteamérica prácticamente vendidos y los derechos de transmisión adjudicados, el “tren del 2026” parece imparable.
Sin embargo, Blatter ha logrado algo que no hacía en años: poner sobre la mesa el debate sobre si el crecimiento infinito de la FIFA está matando la mística del deporte rey.




