El panorama cultural de la capital estadounidense enfrenta un cambio radical. El presidente Donald Trump anunció este domingo, a través de sus redes sociales, que el Kennedy Center for the Performing Arts cerrará sus puertas por un periodo aproximado de dos años a partir del 4 de julio de 2026, coincidiendo con el 250º aniversario de la independencia de Estados Unidos.
Un “bastión de clase mundial” o un refugio ante el boicot
Según las declaraciones del mandatario, la decisión responde a la necesidad de realizar una “reconstrucción completa y revitalización” de lo que él describió como un edificio “cansado, roto y en mal estado”. Trump aseguró que, tras una revisión de un año con expertos y contratistas, se determinó que cerrar las operaciones de entretenimiento es la vía más rápida para transformar el recinto en el “mejor centro de artes del mundo”.
Sin embargo, el anuncio llega en un momento de crisis interna para la institución. Desde que la administración de Trump tomó el control de la junta directiva y añadió el nombre del presidente al exterior del edificio —rebautizándolo como el “Trump-Kennedy Center”—, el centro ha enfrentado:
- Cancelaciones masivas: Artistas de renombre como el compositor Philip Glass, la soprano Renée Fleming y el elenco del musical Hamilton han cancelado sus presentaciones en señal de protesta.
- Éxodo de instituciones: La Ópera Nacional de Washington anunció recientemente su salida del centro tras más de 40 años de residencia.
- Caída en ventas: Reportes indican que las ventas de boletos han caído a sus niveles más bajos en años, con casi un 43% de las entradas sin vender en producciones recientes.
Polémica por el cambio de nombre y la gestión
A pesar de que el nombre del presidente ya figura en las paredes del centro, el cambio oficial de nombre sigue siendo una disputa legal y política, ya que por ley el recinto fue designado como un memorial vivo al presidente John F. Kennedy y cualquier alteración requeriría aprobación del Congreso.
El director interino del centro, Ric Grenell, aliado cercano de Trump, defendió la medida asegurando que el cierre temporal “tiene todo el sentido” para invertir recursos de manera más eficiente y terminar las obras con mayor rapidez. Por su parte, sectores de la oposición y familiares de la familia Kennedy han calificado la medida como un intento de “borrar el legado de JFK” y ocultar el vacío artístico provocado por los boicots.
¿Qué sigue para las artes en D.C.?
Con el cierre programado para el verano de 2026, queda la incertidumbre sobre dónde se reubicarán las compañías residentes y qué sucederá con los contratos vigentes. Trump ha prometido una “Gran Reapertura” que superará cualquier instalación previa, financiando el proyecto con fondos que, según él, ya están asegurados.




